viernes, 22 de noviembre de 2013

Cada uno tiene su realidad y su propia forma suicida de sobrevivir.

Creo que todos tenemos nuestra propia forma suicida de sobrevivir, algunos estampándose a piñón fijo creyendo encontrar su hogar en labios que solo son fieles una noche. Otros consiguiendo que esa fidelidad dure un poco más, aún sabiendo que nada dura para siempre, y menos las personas. Apostando por palabras que nos cobran demasiados intereses. Siempre intentándolo, sólo un poco mas, que el dolor tarde en llegar. Y luego están los que se perdieron, los que fueron alguno de los anteriores, los que ahora solo intentan guardar un mínimo de esperanza, algo parecido a no olvidar, no todo amenos. Memoria selectiva, dicen. Y yo, que no sé dónde estoy y ya no me acuerdo muy bien de dónde vengo, solo se que siempre vuelvo.
Solo se que que nunca nos acabamos de romper del todo. También que los ojos verdes a parte de bonitos a veces son mentirosos, que en contra de mis ideas puedo enamorarme de unos azules, pero también se que he llegado a ver París en unos marrones de alguien que no conozco. También creo y se que la realidad es más bonita cuando duermo, aunque recuerde haber llorado no tengo la cara mojada al abrir los ojos, y de eso creo que trata la vida, de encontrar un lugar, dónde llorar sin mojarte. Sobrevivir buscando ese anhelado lugar, persona, momento dónde soñar sin dormir, dónde valga la pena quitar el sobre y dejarlo en vivir.
Y lo que más gracioso me parece de la vida, es que todo puede cambiar cada día, así que si no te gusta algo cierra los ojos y sueñalo, quizás los sueños, las pesadillas, también formen parte de nuestra realidad. Amenos forman parte de mi realidad, y es de las pocas esperanzas que no pierdo. Hay quien lo llamará cobardía, y no lo niego, la vida a veces asusta, pero todos tenemos derecho a tener miedo alguna vez. Aunque como siempre, no se me olvida, que el miedo nos hace iguales, nos hace sobrevivir pero no nos deja vivir, así que cuándo los monstruos de tu cuarto te asusten y crees un hogar cálido debajo de la manta, no te acomodes, que la vida está llena de muchos infelices acomodados y pocos soñadores valientes, y así nos va. Y igual que cuando crecemos dejamos de creer en el monstruo del armario, o dejamos de temer la oscuridad, vamos a dejar de creer en todo lo que da miedo, quizás, así desaparezca.





Sandra.









Aquí estoy, de nuevo. 


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