miércoles, 27 de noviembre de 2013

¿Y si hoy si?

La soledad a veces ahoga, incluso cuándo es algo que has elegido tu.
¿Por que nos da tanto vértigo atrevernos?


Dicen que cuándo estamos en la barriga de nuestras madres todos somos iguales, incluso todos somos en un principio mujeres hasta que nos acabamos de definir. Yo en cambio pienso que con la vida pasa igual, todos nacemos valientes, y de ahí hasta el día que te mueres, vamos perdiendo esa valentía. A algunos les intimidan más los golpes, y otros no los temen. Quizás todos nacemos valientes, y el peso de cada año, cada golpe, cada decepción, nos hace así, esto que somos que no se muy bien que es. Quizás no existan las medías naranjas, quizás sea alérgica a los cítricos, quizás hayan piezas que nunca encajen. Quizás todos tengamos un poco la enfermedad de los huesos de cristal, pero no en los huesos, acolchando cada esquina de nuestra casa para evitar fracturarnos, así, así creo que son las cosas. No sé si tengo más ganas, que dudas o viceversa, pero creo que hay preguntas que solo se puede responder uno. Espero no malgastar mi vida buscando esas respuestas, amenos no toda... Hoy por hoy se muy pocas cosas, y una de ellas es que hay días que la soledad ahoga, por que a veces no mover ficha en una partida implica un movimiento, y quizás quedarnos, aquí sentados, fumando, viendo llover, echando el vaho en la ventana que refleja tu mirada apagada, quizás eso este cambiando nuestra vida, y el problema es que estamos dejando que cambie siguiendo el ritmo del mundo, y no el nuestro. Por que quizás nuestra felicidad está en... ¿quién sabe? ¿París, Haití, Costa Rica?, o simplemente en la esquina de tu calle, en el quinto de tu finca, en la tienda de enfrente. Pero, ¿como vamos a encontrarla si seguimos aquí sentados viendo consumir nuestros días por la rutina, y las limitaciones? Pues eso que la naranja sin azúcar sabe amarga y que quiero quitar de alguna forma todo eso que acolcha mi casa para evitar fracturarme, quiero, de verdad. Pero hoy no.




viernes, 22 de noviembre de 2013

Cada uno tiene su realidad y su propia forma suicida de sobrevivir.

Creo que todos tenemos nuestra propia forma suicida de sobrevivir, algunos estampándose a piñón fijo creyendo encontrar su hogar en labios que solo son fieles una noche. Otros consiguiendo que esa fidelidad dure un poco más, aún sabiendo que nada dura para siempre, y menos las personas. Apostando por palabras que nos cobran demasiados intereses. Siempre intentándolo, sólo un poco mas, que el dolor tarde en llegar. Y luego están los que se perdieron, los que fueron alguno de los anteriores, los que ahora solo intentan guardar un mínimo de esperanza, algo parecido a no olvidar, no todo amenos. Memoria selectiva, dicen. Y yo, que no sé dónde estoy y ya no me acuerdo muy bien de dónde vengo, solo se que siempre vuelvo.
Solo se que que nunca nos acabamos de romper del todo. También que los ojos verdes a parte de bonitos a veces son mentirosos, que en contra de mis ideas puedo enamorarme de unos azules, pero también se que he llegado a ver París en unos marrones de alguien que no conozco. También creo y se que la realidad es más bonita cuando duermo, aunque recuerde haber llorado no tengo la cara mojada al abrir los ojos, y de eso creo que trata la vida, de encontrar un lugar, dónde llorar sin mojarte. Sobrevivir buscando ese anhelado lugar, persona, momento dónde soñar sin dormir, dónde valga la pena quitar el sobre y dejarlo en vivir.
Y lo que más gracioso me parece de la vida, es que todo puede cambiar cada día, así que si no te gusta algo cierra los ojos y sueñalo, quizás los sueños, las pesadillas, también formen parte de nuestra realidad. Amenos forman parte de mi realidad, y es de las pocas esperanzas que no pierdo. Hay quien lo llamará cobardía, y no lo niego, la vida a veces asusta, pero todos tenemos derecho a tener miedo alguna vez. Aunque como siempre, no se me olvida, que el miedo nos hace iguales, nos hace sobrevivir pero no nos deja vivir, así que cuándo los monstruos de tu cuarto te asusten y crees un hogar cálido debajo de la manta, no te acomodes, que la vida está llena de muchos infelices acomodados y pocos soñadores valientes, y así nos va. Y igual que cuando crecemos dejamos de creer en el monstruo del armario, o dejamos de temer la oscuridad, vamos a dejar de creer en todo lo que da miedo, quizás, así desaparezca.





Sandra.









Aquí estoy, de nuevo.