miércoles, 7 de noviembre de 2012

os contaré un cuento..

Ella no era una chica corriente, ella no era una chica más. Ella era capaz de deshielar el más frío glaciar. Ella era la de los ojos de un color que nadie se fijaba por que cegaba la luz que te trasmitían. Ella olía a primavera. Ella era amor, ella era intensa. Era inocente, su corazón estaba intacto. Aquella chica creía en los cuentos de hadas, en la magia, en los príncipes, creía en el amor. Aquella chica estaba enamorada del amor, de las películas, era una soñadora, era una princesa esperando a su príncipe azul. Ella era la de la sonrisa que te convencía de lo que quisiera, ella era la que si te veía llorar, lloraba contigo y luego te hacía cosquillas. Era una luz en la más inmensa oscuridad. Ella era la que cualquier problema lo solucionaba con metáforas de caracoles, o partidas de ajedrez. Ella era incapaz de odiar, ella estaba echa para amar, tenía vida en cada mirada. Ella tenía una teoría de que teníamos unas cerillas dentro y que cada vez que una se apagaba un poco de nosotros se moría. Ella era una bendición para quien la tuviera en su vida, aquella chica veía colores dónde todo el mundo veía solamente gris. Ella pensaba que el amor era opcional, era muy ingenua, y eso la hacía tan jodidamente  delicada y especial. Decía que tenia los ojos tan brillantes por qué era una llorica. Conoció el amor, fue muy feliz, no tenía miedo de nadie, ni de nada. Y nunca le habían hecho daño, no sabía lo que era una traición.

Entonces su cuento de hadas se truncó, el príncipe se volvió rana, las hadas se volvieron las brujas de su cuento. Le traicionaron, le hicieron daño y casi consiguieron romper aquel corazoncito de cristal en mil pedazos, sin saber que hacer, antes de que esto pasara lo refugió en una capa de mármol. Duro y frío mármol. Se prometió que nunca podrían llegar a tocar aquel cristal, dónde ella sola había mal pegado los trocitos. Un corazón, rescrebajado dónde cada vez que lloraba se tambaleaba, por lo tanto sus ojos perdieron ese brillo tan especial, por que no volvió a llorar. Su boca en vez de abrirse para sonreír, se abría para exhalar el vaho que le salía de los pulmones. El mármol que recubría su corazón para protegerlo, había congelado todo el interior de la chica. Sonreía, con esa sonrisa tímida aunque ya no inocente, inhalaba oxigeno y exhalaba el frío vaho. Siempre tenía las manos frías, los ojos profundos, de un negro infinito y esa mirada felina. Los labios muy rojos, tapando la piel reseca por el frío que le nacía de dentro. Debajo del mármol se escondía aún ese corazón de cristal, con esas cerillas intentando encenderse para romper el mármol y poder volver a calentar todo su cuerpo. Ella sigue siendo la que alinea el corazón, el objetivo de la cámara y la pupila en un mismo eje, es para una de las únicas cosas que sigue haciendo notar que tiene dentro un motor que late. Esta es la historia de la chica del corazón de cristal, que no se rompió, pero se volvió de mármol Ahora ya no está enamorada del amor, ahora está enamorada de la vida, por qué a aprendido lo que es aferrarse a ella.


Aunque nunca la hemos perdido del todo, es cuestión de tiempo. Ella sigue besando ranas, pero esta vez no espera desde lo alto de su castillo a ningún principe, simplemente no espera. Aún tiene ganas de amar, en el fondo, muy fondo de su corazón. El final de esta historia aun no está escrito, pero no sabemos que está pasando con ella, dice ser feliz así..

Vamos princesa, aquí eres tu quien manda, que estás más guapa cuando sacas la guerrera que llevas dentro. 
Tú eres vida, es tu corazón el que empuja tu vida, el mundo sin ti no es el mismo.



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