sábado, 7 de enero de 2012

Anouck, je t'aime.

"Cuando uno busca la verdad, corre el riesgo de encontrarla."

Ella no etendía lo que le pasaba. Es como si su espíritu, llamémosle así, le pidiera a gritos exhalar aire. Como si su alma hubiera emprendido un viaje en solitario, cosa que no entendía. 
Ella desde pequeña había odiado la soledad. Además de que las pocas veces que se había enamorado era una enferma enamorada más, con sus tópicos y sus Je t'aime
Pero ahora no. Ahora le había dado la fuerza que nunca había tenido a su nombre, Anouck. Es como si de repente tuviera la necesidad de encontrar dificultades para superarlas. Era la primera vez que miraba al pasado y no le dolía, que miraba al futuro y no le preocupaba. Solo deseaba un presente vivo. Sentirse viva es lo que buscaba con el comienzo de su estación favorita. Anouck desprendía energía, luz y más Je t'aime(s). Pero esta vez no iban dirigidos a ningún francés. Iban dirigidos al universo, a la vida en sí. A todos aquellos que le habían manchado su historia, a todos aquellos que le habían puesto una zancadilla, a todos aquellos que le dijeron que lo que ella hacía no servía para nada, a todos ellos.
Anouck se dió cuenta de que para ella, el comienzo del año, la lista de propósitos y las ganas de renovación empezó un día cualquiera, en un mes cualquiera, en un despertar cualquiera. Puso sus pies descalzos en el suelo de su habitación y el frío le recordó que seguía viva. Y ahí es cuando empezó la verdadera historia de Anouck. 
Y emprendió un viaje más psíquico que físico y llevo con ella a quien creyó necesario y iba ligera de equipaje de cargas en general. 
Y la joven Anouck dijo; J'aime la vie. 


¿Continuara?

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